NADIE TE HARÁ DAÑO
"Yo, el Señor, soy su guardián; todo el tiempo riego mi viña. Día y noche cuido de ella para que nadie le haga daño." (Isaías 27:3)
DEVOCIONAL
Gladys Alvarez
8/7/20251 min read


Qué maravilloso es saber que el mismo Dios se presenta como nuestro guardián personal. No encarga esta responsabilidad a ángeles ni a profetas; Él mismo nos protege. Este versículo nos recuerda que estamos bajo la mirada atenta y amorosa del Señor, quien cuida de nosotras con dedicación y ternura constante.
El texto habla de una viña que es regada todo el tiempo. Esa viña eres tú. En medio de un mundo seco y hostil, Dios te riega con su gracia cada momento, no solo cuando oras o lees la Biblia, sino en cada instante de tu vida. Su cuidado no es esporádico ni condicionado: es permanente, constante, y lleno de intención.
La imagen de Dios como jardinero cuidadoso nos revela que no solo vela por nuestra seguridad, sino que también trabaja activamente para que florezcamos. Él no permite que el mal nos destruya, y al mismo tiempo, se asegura de que tengamos lo necesario para crecer y dar fruto. Su protección va de la mano con su provisión.
Cuando Isaías escribe "día y noche cuido de ella", entendemos que no hay momento en que Dios se desconecte de nuestra vida. Ni la oscuridad ni el cansancio limitan su actuar. Él está despierto cuando tú duermes, atento cuando tú dudas, presente cuando tú clamas. No hay interrupciones en su amor ni vacíos en su vigilancia.
Así que, querida lectora, confía. Aunque el entorno se torne amenazante y la incertidumbre te visite, recuerda esta promesa: nadie te hará daño, porque tu guardián es el Señor. Vive en paz, camina con seguridad y recibe su cuidado constante. Dios está contigo, y eso basta.